skip to main |
skip to sidebar
Hay mil puertas abiertas o semiabiertas, pero también hay puertas cerradas con posibilidad de encontrar una llave que las abra. Hay cosas fabulosas que a veces no sé ver. Hay días de ceguera absoluta y hay también muchas noches de insomnio en las que me atormenta brutalmente el dolor de la lucidez. Antes de conocerte el mundo era algo incierto, desconcertante y con demasiadas preguntas sin respuesta. Cuando te conocí, todas esas preguntas se invalidaron instantáneamente porque en tu cama sólo cabían nuestros cuerpos y no había lugar para los porqués. Durante más de tres años viví contigo en un limbo precioso, en un equilibrio tal que se volvía casi sospechoso, en una burbuja en la que la metafísica era algo así como acariciar una mano, besar unos párpados con sueño, competir por el mejor desayuno. Ahora que estamos lejos nos vuelven todas esas preguntas que creíamos enterradas y como de otro tiempo. Las ganas, el miedo y el vértigo se mezclan formando una masa dura que se instala a la altura del estómago y que me quita el hambre y el sueño. Menos mal que me salva la poesía y me salva Cortázar, que es el muerto con el que mejor me entiendo.
4 comentarios:
Ays, Marta! Aysss!
(no sé qué decir)
Un abrazo enorme desde mi Uruguay primaveral!
Pierina...
cuando creíamos que tenías todas las respuestas, de pronto nos cambiaron todas las preguntas.o algo así decía mario benedetti. y cortázar, nuestro común cortázar, aquel único muerto con el que me es posible entenderme mágicamente, decía que le bastaba con cerrar los ojos, deshacerlo todo y recomenzar.
así que será cuestión de cerrar los ojos, marta.
gracias por escribir.
No te olvides de las puertas que tiramos a patadas.
Mucha razón en tu comentario.
Todas las noches huelen a mordiscos por aquí.
Besa a ese Hombre de mi parte. Por dejarte la miga de pan y traerte el desayuno.
Y pégale un poquito, por faltar cuando no debía.
Publicar un comentario en la entrada